dimecres, 2 d’octubre del 2013

Me iré. Post 7.

Mientras aquél niño se alejaba de mí, Dani se acercaba. Llevaba sus botas negras, unos tejanos gastados y la chaqueta negra de cuero con la que lo conocí. Se había puesto más gomina de lo normal en su pelo negro como el carbón. Siempre lo hacia cuando tenía que coger la moto y se despeinaba con el casco. 
Mientras se aproximaba lo observaba fijamente, sonriendo. Era difícil que dejara de hacerlo cuando lo veía, incluso en los peores momentos sabía como sacarme una sonrisa. Lo abracé. Me miró sorprendido y me preguntó: "¿Todo bien?" a lo que le contesté lentamente y parpadeando un sí, simple, seco. 
Nos pusimos a andar dirigiéndonos al centro del pueblo. Yo, como siempre, le repetía: "Te vas a asfixiar con esa ropa" y él siempre respondía lo mismo: "que no, que llevo otra en la bolsa". Me agarró de la mano al acabar la frase mientras me miraba. Por la cabeza se me pasaron montones de pensamientos. Me sentía rara. Me había marchado y ahora él estaba aquí. Llegamos delante del colmado Andreu, en el que Sofía y los demás nos estaban esperando. Les presenté a Dani. Me fijé en que Martín lo miraba constantemente de camino a la playa. No sólo yo me dí cuenta de eso. Sofía también los miraba. A los dos. 

dimarts, 3 de setembre del 2013

Los imprescindibles existen. Post 6.

Los primeros minutos en la estación de Sitges fueron malos. Los recuerdo con nervios. Incluso hoy se me acelera el corazón. Lo que más recuerdo es la mirada de Martín a pocos metros de mi, como si flotara en el aire. Mientras lo observaba pensaba si me había equivocado otra vez en mi vida, escapándome. De hecho llevaba una temporada en la que no dejaba de preguntármelo. 
Saliendo de la estación volvió a sonar mi móvil. Miré la pantalla. Me negaba a descolgar la llamada. Andamos y andamos por las calles de ese precioso pueblo, estrechas, de piedra, blancas, grises,... Sofía, la chica de la sonrisa decidió pararse en la puerta de un colmado de esos de antes, de los que te recuerdan las mil historias que cuentan tus padres cuando iban a comprar de pequeños. En la puerta de éste colgaban chorizos, chistorras y fuet. Dentro atendía una señora mayor con un delantal en el que apenas se podía leer "Colmado Andreu". Mi teléfono volvió a sonar. Descolgué. Era Dani: 

dimarts, 25 de juny del 2013

La sonrisa es la distancia más corta entre dos personas. Post 5.

El viaje se me estaba haciendo largo. Largo como cuando estás comiendo algo que no te apetece y parece que nunca llegue el momento de acabarlo. En ese instante me vino a la mente el plátano que llevaba en el bolso. Tenía tanta hambre que pensé en comérmelo velozmente sin fijarme siquiera que estaba pasado, con ese color oscuro y ese tacto tierno que hace que se te deshaga en la boca. Les ofrecí a los chicos pero nadie quiso. Sofía no contestaba y corté un trocito de mi plátano con la mano y lo deposité en la suya. Estaba segura que la cara que ponía era de hambre. Lo cogió y me dio las gracias. Bruno nos miró y mientras se rascaba ligeramente el hombro nos dijo: "¿Os vais a comer eso, enserio?". Yo le contesté: "Por supuesto, estoy muerta de hambre". Él se rió. No paraba de hacerlo. Se le veía un chico muy alegre aunque su mirada de ojos color miel no mostrara lo mismo. "¿Podríamos ir a comer todos juntos cuando lleguemos a Sitges, no?. "Sí", le contesté. Era un sí a medias porqué en realidad yo había emprendido aquél viaje para estar sola, pensar y tomar decisiones. Pero, ¿Cómo podía engañarme de aquella manera?. Sabía perfectamente que yo sola podía estar poco, que necesitaba estar acompañada. 
El tren paró durante diez minutos entre dos estaciones en medio de la montaña. Martín, el chico moreno, no paraba de tocarse la barba. Deslizaba su mano desde los mofletes a su barbilla en sencillos movimientos. "Me suena mogollón tu cara" me dijo. "¿Sí?. A mi él no me sonaba de nada pero me parecía guapo. El chico pelirrojo permanecía callado. Solo reía. Me fijé en su rodilla. Tenía una quemada que le llegaba desde ahí hasta su tobillo. Se le cayó un papel al suelo y me quise levantar a cogerlo pero no me dejó. Se levantó y entonces pude ver que cojeaba. En ese mismo instante sonó mi móvil y no lo cogí. Martín abrió lentamente sus labios, y yo ya me temía la pregunta, pero no: "Me encanta esa canción". Ante mi cara de sorpresa me dijo: "La que tienes de tono del móvil". Yo sonreí y le dije: "A mi también". 
La siguiente ya era nuestra parada. El tren se detuvo y las puertas se abrieron. Al poner los pies en la vía supe que después de llegar allí mi vida cambiaría. Había tomado una decisión y no había marcha atrás. Empezaba la aventura. 

divendres, 31 de maig del 2013

Nunca es tarde. Post 4.

La alarma del tren empezó a sonar y las puertas se cerraron de golpe. Una vez dentro, observé a un grupo de tres chicos y una chica. Ellos estaban sentados y ella de pie. Me acerqué y les pregunté si en el asiento que estaba vacío se iba a sentar alguien y me respondieron que no y que me podía poner allí sin ningún problema. El tren arrancó y empecé a observar el paisaje a través de la pequeña ventana manchada de azúcar, probablemente por algún niño que habría estado rondando por allí horas antes. 
"¿Vas a Sitges?" me dijo el que parecía el más mayor de los tres. "Sí, o eso creo" respondí yo. Realmente no estaba segura de porqué me iba de Barcelona, quizás simplemente para desconectar, me dije, pero en realidad sabía que me marchaba porqué me estaba ahogando. Autopresionarse nunca ha sido bueno y eso era lo que yo llevaba haciendo desde hacia mucho tiempo. Bruno, así se llamaba el chico, me soltó: "¿Entonces crees que vas allí?". Yo le sonreí. No sabía si esa sonrisa me dejaría como a una loca o nos serviría para simpatizar más. La cuestión es que sus amigos, el moreno con gafas de sol y el pelirrojo con barba, empezaron a comentar lo bien que se lo habían pasado hacía un año en la playa de ese pueblo. La chica solo sonreía y me miraba cuando yo también lo hacía. Los cuatro llevaban cada uno una mochila pequeña y el bañador puesto. Era pleno mes de junio y la calor empezaba a apretar en Cataluña. 
Mientras ellos hablaban y se hacían bromas yo observaba la mano de un hombre que estaba sentado en los asientos de al lado. Éste llevaba puesto un anillo en forma de trenza que me hizo recordar momentos geniales con una persona especial. No pude dejar de pensar como llegan a cambiar las cosas en un mes. "Todo depende de ti" me dije. Volamos a tres metros de altura cuando algo bonito nos ocurre y viajamos empotrados al suelo cuando nada va como queremos. Miramos a nuestro alrededor y hay a la vez mucho y poco que comentar. Los detalles son maravillosos cuando todo nos va bien y no existen cuando nos va mal. Hay épocas que sentimos necesidad de estar apegados a los que más queremos y épocas en las que desaparecemos porqué no somos capaces de sobrellevar según que relaciones. 
De repente ella, Sofía se llamaba, me dijo: "Es bonito ese vestido" a lo que le respondí con un gracias y una sonrisa. Estábamos llegando a Sitges y me decidí a preguntarles de dónde eran. Llevaban todo el trayecto intentado entablar conversación conmigo y yo me comporté de manera tímida y cortante. Era el momento de hablarles un poco de mi.